
A diferencia de otras versiones de merengue, el cubano suele tener una consistencia más firme, ideal para decorar cakes, torticas o para ser consumido como dulce en sí mismo, especialmente en fiestas y celebraciones.
En Cuba, el merengue no solo se usa como adorno, sino también como parte integral del sabor y la presentación de muchos postres emblemáticos. Su sabor suave, su textura sedosa y su versatilidad lo convierten en un básico imprescindible para todo repostero cubano.